lunes, 18 de julio de 2011

vino de sangre.

Hay muchas cosas que no te supe decir. Diminutas porciones dietéticas de un pastel que nunca pude digerir. Algunas siguen reclamando su derecho a la vida, y yo no puedo más que sentir lástima por ellas, condenadas por un hombre sin el genio suficiente para crearlas.

¿Qué queda después del tiempo de locura y pasión, de tesón y amargura? Solo más tiempo, infinito si lo odias, ínfimo si lo anhelas. Tiempo que ciertamente curte el alma, pero a la vez cuartea las heridas y a su vez hiere los sueños. Porque si, hay sueños que viven en las heridas, y cuanto más grande es la herida, mayor el sueño y la dicha de la vendimia.

Hay vinos que no deberían ser probados, fruto de la sangre que los colorea y la amargura que los saborea; y hay amores que no deberían ser saboreados, pequeños frutos de la pasión que solo dejan amargura y sangre en quien trágicamente los prueba.

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