lunes, 18 de julio de 2011

vino de sangre.

Hay muchas cosas que no te supe decir. Diminutas porciones dietéticas de un pastel que nunca pude digerir. Algunas siguen reclamando su derecho a la vida, y yo no puedo más que sentir lástima por ellas, condenadas por un hombre sin el genio suficiente para crearlas.

¿Qué queda después del tiempo de locura y pasión, de tesón y amargura? Solo más tiempo, infinito si lo odias, ínfimo si lo anhelas. Tiempo que ciertamente curte el alma, pero a la vez cuartea las heridas y a su vez hiere los sueños. Porque si, hay sueños que viven en las heridas, y cuanto más grande es la herida, mayor el sueño y la dicha de la vendimia.

Hay vinos que no deberían ser probados, fruto de la sangre que los colorea y la amargura que los saborea; y hay amores que no deberían ser saboreados, pequeños frutos de la pasión que solo dejan amargura y sangre en quien trágicamente los prueba.

miércoles, 13 de julio de 2011

Un día me llamo el olvido, bastante cabreado. Dijo que me devolvía tus cosas, que ya no le cabían en ninguna parte, y que no me pensara que el era una biblioteca en la que coger lo que quieres cuando quieres y luego devolverlo normalmente con tiempo de retraso.

-No me puedes hacer esto, respondí

-Tu solito te lo has buscado.

-Pero yo ya no quiero todas esas cosas, y donde las pongo si no es contigo?

Y sin decir ni una palabra más, colgó.

De repente me vi con un montón enorme de todo tipo de cosas: recuerdos, regalos, sonrisas, cartas, orgasmos, cenas, paseos, helados… y no tenía ni la menor idea de qué hacer con todo. y es que no había mentido, ya no los quería. Se quedaron ocupando un espacio en un vacio ficticio que resulto ser muy incomodo, demasiado cercano para ignorar y demasiado lejano para tocar.

Soy muy vago, y muy dado a acumular cosas en desorden, asique el primer patrón que seguí fue meterlo todo donde cupiera por mi habitación. Craso error. Escondidas entre libros, mesas y armarios hay cosas que puede que a simple vista no se vean, pero que siempre acaban apareciendo y curiosamente en momentos de lo mas inoportuno, como un grano antes de una cita.

Estuve un tiempo así, a disgusto en el que hasta ahora había sido mi santuario, las paredes que me han visto crecer y equivocarme, reír o llorar, pero sobre todo madurar. Asique decidí probar otra cosa. Igual que Andy Dufresne en una de mis películas favoritas, cadena perpetua, cada vez que salía de casa me llenaba los bolsillos con montoncitos de tus cosas y los dejaba caer al azar por la calle. Poco a poco mi cuarto se vació y yo me sentí bastante aliviado.

Lo que no sabía en aquel momento era que había formado una ciudad llena de destellos de ti. Donde quiera que voy me traiciona la memoria. ¿cómo puede ocupar una ciudad entera algo que cabe en un cuarto? Hay misterios que ni los propios misterios, tan sabios ellos, llegan a descifrar.

Y aquí estoy, en mi cama solo iluminado por la luz real de la lámpara, y ahí fuera esta la misma ciudad de siempre, pero con más destellos luminosos que el cielo mas estrellado.

Y ahora, ¿Qué hago?



Solo una cosa más. Nunca he visto Madrid más hermoso que viendo en cada calle un fugaz destello de tus ojos.