martes, 22 de mayo de 2007

poesía

Hay una poesía magnífica y sonora;una poesía hija de
la meditación y el arte,que se engalana con todas las pompas
de la lengua,que se mueve con una cadenciosa majestad,
habla a la imaginación,completa sus cuadros y la conduce
a su antojo por un sendero desconocido,seduciéndola con
su armonía y su hermosura.
Hay otra natural, breve, seca, que brota del alma como
una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra
y huye, y desnuda de artificio, desembarazada dentro de
una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil
ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía.
La primera tiene un valor dado: es la poesía de todo el mundo
La segunda carece de medida absoluta; adquiere las proporciones
de la imaginación que impresiona:puede llamarse
la poesía de los poetas.
La primera es una melodía que nace, se desarrolla,
acaba y se desvanece.
La segunda es un acorde que se arranca de un arpa,
y se quedan las cuerdas vibrando con un zumbido armonioso.
Cuando se concluye aquélla se dobla la hoja con una
suave sonrisa de satisfacción.
Cuando se acaba ésta se inclina la frente cargada
de pensamientos sin nombre.
La una es el fruto divino de la unión del arte y de la fantasía.
La otra es la centella inflamada que brota al choque
del sentimiento y la pasión.

Gustavo Adolfo Bécquer

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